Mi vaso de Whisky

Sólo resta medio vaso de ti, mi whisky. La realidad no deja de ser dura: no hay menos niños en las calles, no hay menos hambre en el mundo, no hay menos tiranía en los gobiernos y peor aún, no soy feliz en lo más mínimo. Incluso me es doloroso aceptar, que mi poca capacidad para ser feliz, no tiene que ver con el altruismo absoluto que me hace sentir mal por la niñez abandonada o la hambruna que recorre a África. Duele saber, que en mi melancolía, sólo descansa el más absoluto sentimiento egoísta, la más precaria de las emociones, sólo descansa el desamor.

Además, ésto no sólo es doloroso, también es triste. Es triste que tu, mi vaso de whisky, sea quien escucha lo que mundo se niega a escuchar. Es triste que dos tazas de líquido amarillento de alto contenido alcohólico, sin ofenderte, presten más atención que las Naciones Unidas. Es triste que mi vaso de whisky, a diferencia de los líderes que nos guían, pueda permanecer aquí todo el tiempo que tome contar mi relato. Es aún peor, ver como mi vaso no se mueve ni un milímetro mientras acuso responsables, no se cansa, no se aburre, no repica… simplemente escucha.

¡Ay mi whisky, qué diferente sería la vida si tu fueses Presidente!. Que bien se sentiría que tú fueses el Gobierno, el trabajador, el amigo o la pareja. Muchos como yo, andarían felices por las calles y todos harían colas para verte, para que los escuches. Mi mundo sería otro si fueses parte de él. Que poca necesidad tuviese del vaso de ron o del vaso de vodka, si fueses tu quien viviera en mi hogar. Sería maravilloso, cenar contigo noche a noche y contarte mis problemas y es que debo insistir, que mi mundo si tú estuvieses… sería diferente.

¿Por qué no podemos hacer un vaso de whisky Presidente? ¿Por qué no casarnos con la botella?. Ahh! Olvidaba que somos seres pensantes y nuestra lógica nos prohíbe darle tanta importancia a algo inerte y sin vida como tu, mi whisky. ¿Pero entonces de que sirve ser pensantes, si somos tan infelices?…

Estoy de acuerdo contigo mi whisky, no emitir comentarios es mejor. Es increíble cuanta sabiduría puede haber en ti...

Ha sido un placer haberte visto mi whisky. No soy más feliz pero me he desahogado al fin. Disculpa la melancolía, es que éstos días han sido duros. Te prometo no volver a llorar. Para la próxima invito yo, nos podemos tomar un vaso de Ginebra y así me cuentas por qué te peleaste con la licorera. Cuídate muchísimo y gracias por éstos minutos.  ¡Eres mi mejor amigo mi whisky!

#ElTrovador
20/Nov/2007

Aquí fueron los gritos del silencio

Han pasado varios años desde que comenzó a llenarse de agua nuestra alcoba. Sigo esperando mi muerte por ahogo, pero éstas aguas mansas parecen no querer dar fin a mi zozobra. Éste teatro ha cesado en funciones, nuestro público abandonó la sala, y los actores… los actores claudicaron a mitad del primer acto. Tu olvidaste que era amor a lo que jugábamos, y yo, yo olvidé que lo que rápido arde, rápido se vuelve cenizas. 

Tus contradicciones parecen construir un laberinto del que ni tú misma puedes escapar. A más aumentan las mentiras en tus proferencias, más ricas se vuelven en consonantes. Me llevaste de la ira al deseo, de la pasión del desamor, de la rabia al dolor… de tanto subir y bajar, a veces no sé ni dónde estoy. 

Mi empeño irracional en tenerte a costa de cualquier precio y mi humillación constante ante ti, alimentaron lo suficiente tu orgullo. Merodeabas mis carnes cual predador y saqueabas mi espíritu con tu encanto, para después lanzarme en ésta celda, prisionero para siempre de tu engaño. 

Sacrificaste nuestro tiempo y confinaste al conflicto nuestras almas. Te amé con calma como me pediste mil veces entre lágrimas, pero jamás te pregunté si tú me amabas, aunque fuese con prisa, no me importaba la calma. De mis virtudes te entregué las ganas, con mis utopías te enseñé a soñar y desde mis desaciertos creí enseñarte a amar. 

Creí fervientemente en tu palabra como el moribundo que Dios confía su salvación. Mira nuestros versos… ¡Míralos!, aquellos que escribimos en las nubes cuando en mi pecho descansabas… ¡Míralos!, y dime por qué parecen teñidos de negro. Como por arte de magia, tus promesas subrayadas, se desvanecen sin pretexto y dejan en el texto un hueco. 

He cerrado las cortinas de nuestro lecho para no ver más el cielo. Aquí fue donde a Dios a nuestro amor invitaste… Aquí a donde nunca más regresaste. Aquí donde por ti mentí, por ti lloré, por ti todo dejé y al final, de tus manos, mi propia muerte labré. 

Las rosas, los besos y otras caricias comenzaron a podrirse por la humedad que se respira en éste lúgubre cuarto. Aquí también están nuestras cartas, se desdibujan poco a poco a medida que les piso bajo el agua. Después que sin piedad acribillaste aquello que quedaba, que era poco o quizás nada, simplemente me senté a esperar ahogarme, abrí los grifos, cerré las puertas y sobre la cama descanso inerte, acariciando nuestras sábanas. 

Aquí tus armas apuntaste y con infalible puntería destruiste hasta las migas de las lágrimas. Aquí fue el crimen, aquí la concurrencia gritaba despavorida mientras tú, con rabia, me apuñaleabas por la espalda. Aquí dejé huir cientos de ruegos silenciosos, cientos de súplicas vivaces sin sonar fónico. Aquí grité con fuerza aunque en silencio y aquí mentiste una vez más, para acabar con todo, sin dejar restos. Aquí fueron, aquí siguen siendo, los gritos del silencio… 

#ElTrovador
07/03/2007
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